19 de agosto de 2015

Ahora nada



Llega un día en que justo cuando vuelves a casa, mientras te pones esa camiseta grande, te recoges el pelo y te dispones a meterte en la cama algo hace "click" y grita que estás perdida. Perdida y al borde de un precipicio rebosante de insensibilidad. 

Dos años. Dos años y lo único que descubro ahora es que, después de todo, después de perderle, de perderme, de perdernos; por no quedar no me queda ni la gracia, ni las ganas, ni siquiera mi estilo propio de escribir. Por no hablar de lo gilipollas que se puede llegar a sentir una al intentar ponerle letra a algo que no conoce porque no existe. Algo que no es sentimiento porque no siente. Algo que no es emoción porque no se emociona y que no es estado de animo porque ni está ni le anima. « Y entonces, ¿ahora qué? ». « Entonces, ahora nada ». 

Ahora nada. Ahora y antes, claro. O más bien oscuro porque la nada suelen pintarla de negro. Como si el vacío pintado de blanco estuviera menos vacío. Alguien debería haberle visto la sonrisa antes de generalizar tanto esa idea, porque era un puñetero acantilado sin fondo. Y sin carteles que avisaran del peligro, sin líneas amarillas que te indicasen la distancia a la que debías mantenerte para que el tren no te absorbiera. Un puto tren que la única parada que tenía era la cama de ella, pero donde la gente idiota subía porque le daba igual a dónde ir mientras fuera a algún lado. 

Y más de su mano...



« ¿Y ya no viajas? » 
«¿Cómo se compra un billete de tren sin saber ni el origen ni el destino? »






11 de julio de 2015

Seis


Y es que parece que lo único que necesito al final en cada fiesta es que aparezcas de repente y me abraces como aquel noviembre. Que me abraces y me hagas sentir esa libertad que me dabas con solo mirarme. Que me abraces y me vuelvas a enseñar que si el viento me despeina es porque yo quiero, y que si yo quiero no pueden decirme que está mal. 

Necesito tu calma para volver a mirar la vida con perspectiva. Y es que desde que te fuiste las lineas de mi vida dejaron de tener punto de fuga. Y bueno, ya sabes como soy. Sabes que necesito un jodido punto de fuga para saber qué hacer, como actuar; para tener sentido. 

Sin ti las lineas se quedan a medias. Sin ti no hay objetivos ni metas, no hay principio ni final, no hay lunes ni domingo. Sin ti todos los días son jueves y todo el año invierno, y no poder disfrutar de los colores del otoño me mata, por muchos azules color cielo que me miren directamente a los ojos.

Eh, payaso, que necesito que me digas qué hacer con las manos, que no supieron manejar eso de no tenerte y ahora apenas reaccionan. Que con ellas yo solo pretendía acariciarte un poco más las heridas y ahora sangran si otros dedos se entrelazan con los míos intentando llenar los huecos vacíos que tú dejaste. Porque no, nunca logran llenar todos los espacios por completo y entonces te recuerdo, vuelves, y todo acaba. 



Puede que ya no me guste coger de la mano a nadie que no sepa sostener mi alma con una sola mirada. Y aunque no lo parezca ya no espero que vuelvas, solo espero que te vayas. 



11 de abril de 2015

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Juro que vi desaparecer a una niña pequeña justo en el momento en que él atrapó mis labios entre los suyos. Y quise correr detrás de ella, decirle que no huyera, que podía soportar a ambos conmigo, pero ella ya se había vuelto invisible; humo escapándose entre mis dedos. Y esa noche lloré, como quien llora la perdida de su juguete mas preciado, de su falda favorita o del cuento que su madre le contaba cada noche antes de ir a dormir. 

Dicen que es entonces cuando cambias y ya no vuelves ser la misma.
¿En qué momento pierdes la magia, el brillo en los ojos y la ilusión? A veces no te das cuenta hasta que pasan unos cuantos años y sufres una crisis de esas que hace que te replantees qué cojones estás haciendo con tu vida. A veces esas crisis solo te recuerdan todo lo que perdiste en una sola noche y no volverás a recuperar jamás.


 Recuerdo exactamente el color ocre del sillón en que estaba sentada, y que miraba la tele apagada por no saber cómo huir de un peligro que ni siquiera sabía que existía. Fue entonces cuando un "yo no quiero ser el primer cabrón que te cruces en tu vida"  retumbó en mis oídos mientras seguía sin saber qué estaba yendo mal.

 Ni siquiera te miraba, pero estoy segura de que en ese momento cruzaste los dedos tras tu espalda. Supongo que fue desde entonces cuando todo se convirtió en cómo encontrar de nuevo mi sombra y mis niños perdidos. 

Nos vimos un par de veces después de aquella noche: "No se qué me pasó", "de verdad que yo no quiero ser el primer cabrón que te cruces en tu vida" y "vamos a mi casa y lo hablamos" por tu parte. Sonrisa cordial por la mía y unas ganas terribles de gritarte que me devolvieras la magia, los brillos, los sueños, las niñas y las ilusiones; pero acabé huyendo por si me quitabas algo más.


Y es que ¿cómo se borra la imagen de una misma mirándote al fondo de una televisión apagada como gritándote: "¿Qué coño estás dejando que hagan conmigo?" ?




Nunca te fies de un hombre que sepa bailar bien,
ni que sepa jugar con los niños,
ni de un poeta.