A veces no entiendo el mundo o igual es él quien no me entiende. Juro que creo volverme loca. Dejo de ser yo, dejo de ser alguien y simplemente muero mientras miro por la ventana. Y si, respiro, se que respiro. O al menos lo intento. Noto como las heridas se dibujan solas sobre mi piel y es que hay palabras que arañan más que unas simples manos. Y me pregunto qué sentido tiene todo, que sentido tiene la vida si solo tratamos de sobrevivir a las personas o al menos de no hundirnos. Y la gente se te tira encima con tal de hundirte; y de ahogarte. Dime que sentido tiene levantarse de la cama si cuando vuelvas a ella solo vas a querer olvidar. A mi, que siempre odié perder el tiempo, a mi, que siempre odié tener que olvidar, explícame en que me estoy equivocando para estar perdiéndome tan poquito a poco pero tan rápidamente. Igual no fui yo quien se cansó de sentir, quizás los sentimientos se cansaron de que yo no supiera manejarlos. Igual no soy yo quien ha perdido la imaginación, igual ella decidió perderse antes que quedarse en mi cabeza rodeada de tanta oscuridad. Y no la culpo. Elegí la ignorancia porque pensé que llevaba más rápidamente a la felicidad. Ahora la vida podría darme todos los avisos que quisiera y yo no llegaría a entenderlos. Pero ¿Sabes? Solo quiero deshacerme de ella, como Peter Pan. Quiero que se separe de mis talones y me deje vivir. De todo el mundo, es ella a quien más temo.
4 de marzo de 2014
16 de febrero de 2014
Contigo, la vida me apetecería más.
Apareces en cada canción de la banda sonora de mi vida, en cada conversación entre amigos que yo empiezo para intentar olvidarte. Nunca había sido tan dificil. Y sigo pensando que quizás, contigo, la vida me apetecería más. Así como los domingos a las cinco de la tarde en la cama sintiendo nada más que tu calor. Porque dudo que haya mejor forma de empezar un lunes que con los recuerdos de tu piel cubriendo mi cuerpo en la noche anterior. Acordarme de tus labios y sentir que la única historia que quiero aprender es la de tu vida, y que lo único que quiero contar son los lunares que adornan tu espalda. Y que le den a las faltas de ortografía. Porque qué más da que escriba vesos si tus labios y los míos olvidan todo con solo rozarse. Como no iba a apetecerme más la vida si podría acercarme a ti sin miedo a que te marcharas y me dejaras, otra vez. Dime como no iba querer que volvieras si parecía que curabas con cada palabra, con cada susurro. Dime como podría olvidarte si has pisado hasta el más mínimo espacio de mi corazón y de mi cabeza; si has dejado huella en toda mi alma. Dime como sentir que este desastre no te pertenece si pensé que serías el arquitecto y te marchaste dejando sonrisas sin acabar y lágrimas goteando por las paredes.
10 de febrero de 2014
Ya no existen los finales felices.
El mundo vuelve a su ritmo habitual y ella se traga los gritos al pasar por su lado. Jura que nunca más volverá a creer en promesas que no salgan de su boca y mucho menos en el amor si no lo hacen sus manos. Y es que los finales felices dejaron de existir en cuanto él salió por la puerta.

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