13 de marzo de 2017

Guerra fría



« Y tal vez,
ahora sí,
sea el amor
el que de una puta vez
nos crea. 

Sin destruirnos antes. »

- Irene X


Estoy harta de leer corazones arañados que lloran en tinta,
que dibujan letras formando
todo un desierto de emociones.

Estoy cansada de emociones
que surgen por sequía de sentimientos
en esta época en que las tormentas
aparecen prácticamente en cualquier esquina.


Que sí, que no te digo que no tengas
todo el derecho del mundo de quejarte
si es que otra está en su cama
y tiene el honor de tocarle la espalda con los dedos fríos.

Pero eh, ahí estás tú,
con el rimel caro corrido
y las ojeras enmarcando tus ojos,
tocando letras y acariciándolas
como si fuera su pecho
en lugar de haciéndole entender todo
con el tacto de tu lengua.


Y si después decide irse,
que seas tú quien le acompañe hasta la puerta
y cierre con un portazo cuando salga.


No se si me explico.


Que ya no estás y me he cansado
de verte reflejado en cada herida infectada
que estos poetas versan a cada segundo,
desde cualquier rincón del mundo.

Que no, cariño,
no te mereces siquiera
la comparación con cualquier palabra llorada
desde el otro lado del charco.

Y que si te fuiste, tú,
después y a pesar de todo,
¿por qué tendría todavía que aguantar
esa sonrisa narcisista en mi cabeza?


Que aquí, querido,
la guerra la hemos perdido los dos,
pero la libertad

- y léeme bien lo que te voy a escribir-,

la libertad
ahora
tiene los ojos verdes.


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6 de marzo de 2017

Marzo



« Puede que fuéramos demasiado jóvenes, no sé,
o fue culpa de esa sensación absurda de que si encuentras
a la mujer de tu vida con veinte años lo mejor es huir »
- David Trueba





Enero pasó dejando un reguero de saliva por mi cuello.
Calor, rutina, risas a deshora,
risas a destiempo, risas inconexas.

Enero pasó arrojándome a un acantilado de poesía
y gritándome:

« Querida, a veces vivirla no está de más. »


Dejé mi pluma a un lado
y me armé de sonrisas y ganas,
amontonando todo el hierro forjado en el suelo.
Ahí fue cuando entendí
que por mucho que se intente describir
- por ejemplo -
cómo es sacar la mano por la ventana
y tocar las nubes, y acariciarlas,
nunca va a ser igual que hacerlo.
Y sentirlo.


Francia, Bélgica y Holanda inauguraron Febrero
arrastrando con él un año más de experiencia
un año más de vida,
un año más de miedos.

Volvieron a traer el frío que siempre ha caracterizado a mi reino.
Y de golpe llegó el invierno a mis manos.
Y de golpe salí del acantilado escalando nieve.

La saliva que un mes antes corría por mi cuello
dejó de gotear por mi clavícula,
transformándose en un bloque de hielo
que acabó quebrando la voz
que ya había dejado de gustarme.

Y volvió a doler la garganta al tragar
de esa forma en la que duele
por no decir las cosas a tiempo.


El granizo trajo a Marzo por las esquinas,
golpeando los almendros en flor sin cuidado,
así como en una metáfora de mi vida.

Marzo llegó y me susurró
que la poesía no está hecha para todos;
que hay poesía y que hay poetas
y que puede que yo

ni una cosa ni la otra.




16 de enero de 2017

Removed

« ... y no tengo tiempo para cosas 
que no tienen alma »
- Charles Bukowski


Se ha ido.


Te prometo que no he apartado mis ojos de él
ni un solo minuto,
y se ha ido.


Le tenía cogido del cuello,
acorralado contra la pared.

Estaba a punto de gritarle
todo lo que le odiaba,
todo lo que nunca le dije,
todo por lo que estuve a punto
de morir asfixiada
y de lo que no quiso librarme
ni un solo día.


Estaba a punto de relatarle
todas y cada una
de mis pesadillas donde él aparecía,
mis miedos cumplidos,
mis noches en vela,
mis complejos infundados.

Estaba a punto de escupirle
todas y cada una de las cervezas
que no supieron tan amargas
como su despedida.

Si la hubiese habido al menos...


Te juro que lo tenía ahí...
lo tenía ahí delante,
indefenso.

Quería hacerle sentir
lo que era llevar
un vacío en el pecho
1460 días.

Quería que viese en mis ojos
las lágrimas que mordí hasta sangrar,
que sintiese en su piel
todos y cada uno de los arañazos.

Quería que saborease por una vez
el fracaso de no ser suficiente
como para hacerle feliz a alguien.

Pero se ha ido.


Cuando cojo aire y respiro hondo
ya no siento su nudo en mi estómago
ni sus palabras encajadas en mis venas
ni su sonrisa atravesada en mi pecho.

Tampoco duele tanto tragar
como hace unos cuantos meses.
Y ayer me apetecía llorarle
pero no salieron las lágrimas.


Se ha ido.


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