5 de junio de 2022

Ojalá estén muertos











«Being born a woman is an awful tragedy [...]
I want to be able to sleep in an open field, 
to travel west, to walk freely at night...»

- Sylvia Plath






Ojalá esté muerto.


Recuerdo pensarlo con tanta fuerza y claridad 
que no supe si vibraban mis cuerdas vocales.


Ojalá se muera pronto para que cuando me vaya
quién ocupe mi lugar no sepa lo que es esconderse,
tener miedo a respirar demasiado fuerte,
soñar con haberse ido a tiempo.


Vuelve a acecharme la culpa 
con la violencia de aquellos días de miradas sin permiso,
de paternalismo en caricias,
de refugio bajo la cama.
Hija de una cultura que la abraza y alimenta,
un engranaje más de un plan que no enseñan en el colegio
que se aprende de vuelta a casa empuñando las llaves, 
en las historias que cada una de tus amigas pueden contar, 
en las puertas cerradas con el corazón en la garganta.



Freno en seco, detengo el bolígrafo
porque me siento demasiado radical, reduccionista, injusta,
porque es el marido, el padre, el abuelo, el vecino de,
un hombre entrañable que habla mucho,
que ha trabajado mucho, que me hace un favor.

Y yo una exagerada, una mal follada, niñata, puta
y, por supuesto, nunca lo suficientemente guapa ni buena,
Pandora y su caja, Eva y el destierro del paraíso. 
Alguien que busca llamar la atención, 
la interesada, la que sonrió demasiado, 
se acercó demasiado y dio señales confusas
que el hombre -ahora sí, débil- 
no comprendió. 

Una desagradecida incapaz de apreciar el cariño de alguien ejemplar
que no agradece el perfume caro que no pedí ni quise, 
la invitación a comer que rechacé, 
el casi viaje en coche del que pude escapar
y del que creí que jamás podría hacerlo.


Ten los cojones 
-por supuesto, cojones-
de llamarme radical por desear la muerte 
a quien me hizo buscar testigos con la mirada 
por si era mi cara la que salía al día siguiente en el telediario.

Otra Míriam, Toñi, Desirée, Sara, Rocío, Sonia, Marta, Diana, Laura.
Otro número más. 
Otra irresponsable, malcriada, exagerada, mal follada, niñata, zorra y puta más.


Conjugo el verbo en singular por mí;
en plural, por todas vosotras:

Ojalá estén muertos. 




23 de abril de 2022

Malditos viejos










«When your heart is like a library book,
pages torn by those who wanted parts.
I look at her and wonder how one could
want a piece, not everything».

- Library Book, Billy Raffoul





Atesoraba como oro en paño
a aquellos viejos de su estantería. 
Los tenía de todos los colores y tamaños,
con humildes dobleces en las esquinas.

Los más gastados y rotos vestían de ternura su mirada
y vi crecer esperanza en un recodo de esa escena, 
como si lo nuestro tuviese entonces alguna opción de pervivencia.

Los más nuevos esperaban tensos 
los ojos de quien, hambriento, 
no perdona la rima fácil ni el olor a rancio. 


Recuerdo sentirme tan joven entre tanta historia
-tan pobre entre tanta historia-,
que quise esconderme como aquel librito fino 
pasando desapercibido entre antologías.

Pero, admito, 
también quise ser aquel librito fino del que hablaba durante horas
capaz de llenar los precipicios de sus domingos.


Le soñé saboreando mis figuras retóricas,
mis versos más tristes,
el regusto a sarcasmo.

Le soñé escribiéndome en los márgenes,
subrayándome con lápiz
con el tacto delicado de quien no te posee del todo,
de quien no te quiere suya 
porque disfruta tanto sumergiéndose en ti de lleno
que teme dañarte con marcas. 


Le soñé tanto que olvidé escribirle 
como también descuidé su afán 
de empezar siempre por la página final.


Me di cuenta tarde, caminando hacia la puerta,
agrupando una línea de puntos en suspensivos
por si sobraba uno para cerrar:

yo jamás le haría viajar tanto,
ni tan lejos, ni tan ligero.
Jamás le conseguiría desnudar.

Jamás le haría reír ni llorar 
con la pureza de quien lo hace solo
sin sentirse en soledad. 


Y él,
él nunca me podría mirar, tocar, 
descubrir, leer, guardar,
igual que a aquellos malditos viejos
de su estantería.