28 de octubre de 2020

Génesis





«Veo cajas vacías
personas vacías
ideas vacías
 
y a ti»

- Colgados del sol, La Maravillosa Orquesta del Alcohol






No volvimos a vernos nunca más.

Tres meses atrás 
me deshice del cadáver y sus larvas.

Los dejé en alguna roca bien puesta 
de algún paraje natural 
mientras águilas sobrevolaban
junto a otros carroñeros.

Después volví a casa.

Desenfundé mi CD favorito
me preparé un té sin pensar en el primero
y me senté en el suelo.

Necesitaba sentir el frío ajeno,
el contraste con mi piel,
la vida renaciendo en una atmósfera de carretera y autobús
pero fotograma estable.

La vida renaciendo sin terceros ni segundos implicados
aunque relojes y relojes rotos.




29 de agosto de 2020

Pánico escénico







«Inventamos excusas,
destrozamos recuerdos y
nos arañamos el pasado.
Pero nos siguen haciendo cosquillas las luces del alba.
Tenga el nombre que tenga.»

- Irene X




Siento que camino por la cuerda floja
que arrastro conmigo un equipaje inútil 
que me acerca poco a poco al abismo,
y una etiqueta con nombres de personas 
que alguna vez creí conocer. 


Siento que camino por la cuerda floja,
que cada paso que doy es en falso
y me araña la decepción
y despierto sobresaltada por fantasmas sin rostro
que vi nítidos alguna vez dormir a mi lado



Yo, que de equilibrio no entiendo una mierda,
me siento encerrada en un circo abandonado
con risas en off sonando de fondo
y un alter ego que me impide volver atrás, 
que ignora mis súplicas de no salir a escena 
porque dice
el espectáculo debe continuar 
pero no me quedan fuerzas. 




Porque solo veo un laberinto de espejos rotos
y eso suma demasiada mala suerte 
para intentar, como si nada, 
amaestrar leones 
que solo quiero que me acaricien con sus garras

que tengan el potencial de convertirme en músculo y hueso,
de gruñirme con sus fauces a milímetros de mi boca,
de salpicarme saliva hambrienta de carne fresca,
y decidan no hacerlo.

Esta vez no.


Porque tengo náuseas,
una visión reducida a un círculo en el horizonte
este disfraz de no-sé-muy-bien-qué que me asfixia,
me vienen grandes los zapatos 
y siento que no puedo volver a tropezar.


Yo, que de equilibrio no entiendo una mierda. 




19 de julio de 2020

A hole that can't be filled (III)








«De lo que fui ya no queda nada,
de lo que soy, pájaros que vuelan.»

- Estoy bien, Gata Cattana




Hace semanas que no la busco y ando lejos de dormir sintiendo su respiración sobre mi nuca. 
Hace días que no fantaseo con encontrarla y arrojo, con rabia, toda la culpa a la pared que tengo enfrente, esa que llevo meses sin atravesar: antes porque no podía; ahora porque me siento incapaz de hacerlo. Aunque siento, y alguna vez escribí que mientras lo hiciera no estaba perdiendo la partida. 

Ganarla ya es otra historia. 


No la busco quizá porque no recuerdo cómo encontrarla. He olvidado las trayectorias que me llevaban de forma errante a su portal y tengo miedo -hace meses es lo único que tengo- de que el motivo de la alfombra de mapas que piso siempre con el pie izquierdo al levantarme, sea que he salido de órbita, que ya no giro en torno a nada, que ahora solo lo hago sobre mí y a una velocidad suicida. Es solo una teoría pero lo explicaría todo:

la taquicardia, 
los tambaleos, 
lo borroso del paisaje,
las tripas presionándome la tráquea cada vez que intento hablar. 


Tengo otra guardada bajo la almohada que habla de cristales opacos, de ausencia de días, de noches eternas sin fuego. Al crearla me vi escribiendo sobre niños perdidos en islas desiertas alejadas del Mediterráneo. Dibujé cuentos para dormir sin leyendas, carentes de fantasía, sin absolutamente nada que contar mas allá de la sangre, escondida entre las páginas, de unos seres vivos que ya tampoco podrían ayudarme a respirar. Y también lo explicaría todo:

el túnel, 
las cuevas,
la humedad acumulada en estas cuatro esquinas.


A veces sueño que me crece musgo en la entrañas, 
que dentro albergo un jardín sin flores 
pero repleto de tonalidades de amarillo y azul, 
y una fábrica artesanal de oxígeno.

Y al despertar huele a ella por toda la habitación. 

Bastan dos caladas para perderla de nuevo.


Desconozco la cantidad de hojas de calendario que he arrancado repletas de números en rojo. Pero sé que ninguna de las combinaciones daba con las cifras exactas de su teléfono. 

Creedme que lo he intentado todo.