Quiero hacer poesía con tus labios, con tus dedos, con tus letras y con tus puntos suspensivos. Analizarte, comentarte y escribirte todos los argumentos que me han llevado a tu precipicio, a tu caída libre sin coherencia y sin sentido. Quiero hacer de ti literatura para poder vagar entre tus páginas sin temor a perderme el mundo. Oler el aroma a aventuras que supone la gran historia que inspiras y robarte el café un domingo por la mañana justo antes de dejarme llevar por los sentidos. Leerte en braille y escuchar tu risa entre mis dedos. Ver tu cursiva afilada y aceptarla como un beso frío en pleno mes de enero. Descubrir tus misterios ignorando las pistas de tus ojos y dejarme llevar por la intuición agudizada con el sabor de tus palabras. Quiero convertirte en ese libro robado que te cautiva y seduce hasta el punto de no quererlo devolver. Esconderte entre mis sábanas y leerte a todas horas cuando el mundo me deje sorda con sus esperpentos. Esconderte entre mis sábanas y no dejar que nadie descubra tus secretos. Transformarte en el sonido de las olas y dejar que te deshagas entre mis piedras a cada segundo, y que vuelvas siempre. Que vuelvas siempre a acariciarme y a susurrarme tus gemidos ignorando las despedidas y los puntos finales. Quiero que me enseñes a escribir de esa manera tan bonita de sonreír que tienes. Quiero ser tu aprendiz y hacer poesía contigo.22 de octubre de 2014
Y hacer poesía contigo
Quiero hacer poesía con tus labios, con tus dedos, con tus letras y con tus puntos suspensivos. Analizarte, comentarte y escribirte todos los argumentos que me han llevado a tu precipicio, a tu caída libre sin coherencia y sin sentido. Quiero hacer de ti literatura para poder vagar entre tus páginas sin temor a perderme el mundo. Oler el aroma a aventuras que supone la gran historia que inspiras y robarte el café un domingo por la mañana justo antes de dejarme llevar por los sentidos. Leerte en braille y escuchar tu risa entre mis dedos. Ver tu cursiva afilada y aceptarla como un beso frío en pleno mes de enero. Descubrir tus misterios ignorando las pistas de tus ojos y dejarme llevar por la intuición agudizada con el sabor de tus palabras. Quiero convertirte en ese libro robado que te cautiva y seduce hasta el punto de no quererlo devolver. Esconderte entre mis sábanas y leerte a todas horas cuando el mundo me deje sorda con sus esperpentos. Esconderte entre mis sábanas y no dejar que nadie descubra tus secretos. Transformarte en el sonido de las olas y dejar que te deshagas entre mis piedras a cada segundo, y que vuelvas siempre. Que vuelvas siempre a acariciarme y a susurrarme tus gemidos ignorando las despedidas y los puntos finales. Quiero que me enseñes a escribir de esa manera tan bonita de sonreír que tienes. Quiero ser tu aprendiz y hacer poesía contigo.19 de septiembre de 2014
Inquilinos
Sigo en el lugar de siempre,
en ese que un día hice nuestro
sin que tú lo supieras.
Sigo aquí y es bonito sentir
como si no hubiese pasado tanto tiempo
de aquellas últimas conversaciones.
Porque sí,
ha pasado mucho tiempo
y ya nada es igual
aunque todavía duela o haya dolido.
Sabía que volverías
y lo hiciste.
Y es que siempre vuelves
cuando comienzas a echarte de menos.
Hace meses y meses me di cuenta
de que para ti sólo soy
ese camino que tienes que atravesar
para volver a casa.
Y era bonito de verdad.
Era bonito poder hacer sentir a alguien
como en casa,
era precioso ser el lugar donde tú decidías perderte
para después encontrarte.
Y me encantaba ver como deambulabas
por mis callejones sin salida.
Pero siempre acababas marchándote
y te alejabas de nuevo
asegurándote de clavar
el cartel de "se alquila" bien fuerte
en lugar de "abandonado".
Siempre te ha gustado volver
y yo jamás me he opuesto a que entrases de nuevo,
aunque terminé perdiéndome entre labios de otros inquilinos
y eso nunca te lo dije.
Y acabé perdiéndome más.
Por mi parte,
hace bastante que dejaste de ser
mi camino de vuelta a casa,
dejé de sentirme a gusto
ente tus paredes
y tu tejado comenzó a tener goteras
que me helaban la sangre.
Entonces todo empezó a ser invierno entre tus brazos.
El granizo empapaba la almohada
y tú seguías sin hacer nada para evitarlo,
para protegerme,
ni siquiera para repararte a ti mismo.
Empezaste a romperte
y yo me dejé romper contigo.
Y así nos destrozamos.
Luego descubrí que habían más sitios
donde dormir y dejarse curar las heridas.
Paredes que te besaban sin helar la piel
y almohadas que no te hacían sentir calor
pero tampoco frío.
Y eso me pareció suficiente.
20 de agosto de 2014
Vuelven los tonos grises con el calor del verano
No se cuantos veranos más necesitaré, a cuantas lunas más tendré que llorar ni cuantos inviernos tendré que sobrevivir para acostumbrarme, de una vez, a tu ausencia. No tienes la más mínima intención de volver a este desastre y lo entiendo, no todo el mundo está hecho para curar tantas heridas. Pero ahora temo no poder ser reconstruida sin tus susurros ni tu mano de obra. Desde que no estás me he dedicado a buscarte en otros brazos, en otros labios, en otros cuerpos... y de lo único que ha servido ha sido para, junto con el tiempo, perderme a mí. Nunca podría haber imaginado la cantidad de malas elecciones que es capaz de hacer un corazón solitario, ni la cantidad de miradas vacías que dan vueltas por la ciudad rogando amor en cada suspiro y rechazándolo cuando consigues tocar un poco más abajo de la piel. No se, puede que algunas personas solo estén destinadas a funcionar como las estaciones de tren y que solo necesite acostumbrarme a que me dejen huella, a que me cuenten alguna de sus historias y que se marchen en busca de lo que de verdad esperan encontrar. Porque al final solo acabo siendo ese cigarro a las cuatro de la madrugada que consumen cuando la melancolía les ahoga. Y si no vuelven quizás sea mi culpa por no haber sabido nunca como resurgir con éxito de las cenizas.
Me hubiese gustado saber como narices
volverte adicto a la nicotina.
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