30 de enero de 2013

Llega ese momento cuando por fin consigues soltarte. Cuando aprendes a decir lo que quieres, cuando quieres, sin pensarlo, a la primera. Llega ese momento... y te sientes bien, libre, sin tener que esperar la aprobación de tu cabeza para que las palabras salgan a través de tus labios. Pero luego, cuando menos lo esperas, sucede algo que te hace recordar por qué pensabas las cosas tantas veces antes de decirlas. Dices tonterías  idioteces que tu subconsciente quiere y lo estropeas todo, y ya no hay marcha atrás.

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