6 de septiembre de 2012

Fin.

He leído el final de una historia que nunca llegó a ser escrita. Ni llegará a ser escrita. Nunca. Jamás. Llegué a sentir mas de lo que me imaginaba. Me lo permití. Hice muchas cosas que no debí haber hecho, y si, también me ilusioné un poco. Quizás demasiado. Sabía que no debía, que tenia que ponerle punto final a todo eso mucho antes, pero llega un momento en el que todo te importa demasiado poco, donde solo quieres dejarte llevar, donde dejarse llevar suena bien. Muy bien. Tentador. Ese fue mi error, no ponerle punto y final a la historia antes de que ese momento llegase. La culpa no la tiene el protagonista de la historia, la tiene la escritora que buscaba la historia mas imperfectamente perfecta que jamás hubiese sido escrita. Pero no contaba con que a veces la inspiración falla. O que a veces el protagonista no es el indicado para ese tipo de historias. O que en ocasiones aparecen personajes secundarios que cambian el final. Quizás fue todo. Un conjunto de errores. Uno tras otro. Tuyos. Míos. Suyos. De todos.
Ya se han acabado los juegos de miradas, las sonrisas cómplices y toda clase de gilipolleces que hacia por ti. Nada de cartas. Nada de tragarse el orgullo. Nada de nada. O eso digo ahora...  porque necesitaré una brújula cargada de sentido común para no perderme en tus ojos. Pero también te digo una cosa, no soy de las que cuando se pierden se sientan a esperar que alguien las encuentre, y mucho menos voy a esperar a que ese "alguien" seas tu.

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