31 de julio de 2012

Me encantas. Te quiero y lo sabes. No se que le pasó a mi cerebro para dejar que te enviase aquella carta. Cuidé cada mínimo detalle para que no supieses que era yo, me daba vergüenza, ya sabes, soy así. Letras calcadas. Poco texto. Sin firmas. Sin fechas. Solo una frase cuidadosamente elegida, una frase que no decía nada incierto. "Mi felicidad depende de tu sonrisa". Y yo ahora me pregunto que habrás hecho con esa carta, que sentiste cuando leíste aquello, que se te pasó por la cabeza cuando supiste que fui yo quien te la escribió... Nada ha cambiado desde aquel día, ni siquiera mis sentimientos, ni las sonrisas que me provocas, ni las ganas de estar a tu lado. Tuve miedo de que la relación de "amigos" que teníamos se enfriase, que tu decidieras alejarte de mi, pero eso no ocurrió. Las sonrisas se incrementaron. Te buscaba y me buscabas. Miradas furtivas. "Eres tonto" "Deja eso para los listos" "Te estás volviendo tonta ¿eh?" "Yo lo hago mejor" "¡A mi no me hables así, eh!" La incapacidad de enfadarme contigo. La insistencia en que te "perdonase". Tu sonrisa, joder! Tu puta sonrisa que provocaba inmediatamente que la mia se dibujase... la echo de menos. Te echo de menos. 

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